Anthropic destruye millones de libros para entrenar su IA y un juez dice que es legal

Anthropic compra y destruye libros físicos para entrenar su IA Claude sin texto basura. Descubre qué es Project Panama y su polémica legal.
Project Panama: el plan para escanear (y destruir) todos los libros del mundo
Anthropic, la empresa detrás de Claude, puso en marcha en 2024 una operación interna con un nombre en clave que lo dice todo: Project Panama. Su objetivo, según un documento de planificación interno que salió a la luz en documentos judiciales, era explícito: "escanear de forma destructiva todos los libros del mundo".
El mismo documento explicaba que usaban un nombre en clave "blando" precisamente porque no querían que se supiera que estaban trabajando en ello, y pedía a los empleados que evitaran hablar del proyecto en zonas públicas y que no lo compartieran fuera de la empresa. Anthropic sabía perfectamente que aquello no iba a sentar bien.
La historia salió en dos tiempos: los detalles del escaneo destructivo aparecieron en la sentencia de junio de 2025 del caso Bartz v. Anthropic, y el nombre del proyecto y los documentos internos llegaron en enero de 2026, cuando un juez ordenó desprecintar más de 4.000 páginas del caso que el Washington Post revisó y publicó.
¿Por qué libros físicos y no datos de internet?
Aquí conviene separar dos argumentos que se mezclan constantemente.
El que aparece en los documentos internos de Anthropic (2024). Para la cúpula de la empresa, los libros eran "esenciales" para entrenar sus modelos. Uno de los cofundadores lo resumía diciendo que servirían para enseñar al modelo a escribir bien, en lugar de imitar el "habla de internet de baja calidad". Es decir: calidad y registro del lenguaje, no contaminación por IA.
El argumento del "AI slop" (2026). El razonamiento de que los libros impresos antes de 2022 son uno de los últimos grandes repositorios de texto escrito 100% por humanos es real y muy citado hoy, pero pertenece a una ola posterior: la investigación de 404 Media de julio de 2026 sobre el mercado actual de compra masiva de libros para entrenamiento. La página de venta de ISBNdb —hoy borrada— lo decía sin rodeos: los mejores datos de entrenamiento del mundo están en una estantería.
"Los libros anteriores al boom de la IA generativa no contienen texto generado por máquinas. Ese es hoy su valor de mercado. Pero no es la razón que Anthropic escribió en sus propios documentos en 2024."
Hay además una razón puramente práctica y muy poco romántica: comprar libros de segunda mano y destriparlos era barato, rápido y probablemente legal, mientras que negociar licencias con miles de editoriales era, en palabras del propio CEO Dario Amodei recogidas por el tribunal, un "engorro legal/práctico/de negocio".
Compras masivas de libros de segunda mano
Para ejecutar Project Panama, Anthropic contrató en febrero de 2024 a Tom Turvey, exjefe de partnerships de Google Books. Su misión, según el propio tribunal: conseguir "todos los libros del mundo".
Anthropic compró lotes masivos —decenas de miles de ejemplares de golpe— a vendedores de libros usados como Better World Books y World of Books, y se gastó decenas de millones de dólares entre libros, logística y escaneo. Una propuesta interna de proveedores hablaba de convertir entre 500.000 y 2 millones de libros en un periodo de seis meses.
Un matiz importante, porque se está mezclando todo en redes: los pedidos anónimos gestionados por intermediarios que están recibiendo hoy los libreros europeos no están atribuidos a Anthropic. Eso pertenece al capítulo de 2026, que viene más abajo.
Máquinas hidráulicas, escáneres industriales y reciclaje
Una vez los libros llegaban a las instalaciones de escaneo, el proceso era brutal en su eficiencia:
- •Corte del lomo: una máquina cortadora hidráulica separaba limpiamente las páginas de la encuadernación.
- •Escaneo a alta velocidad: las hojas sueltas pasaban por escáneres industriales de producción y se procesaban con OCR.
- •Eliminación: una empresa de reciclaje recogía lo que quedaba del libro. El ejemplar físico dejaba de existir.
Este proceso se conoce técnicamente como "escaneo destructivo" y no es nuevo: se usa desde hace años en digitalización comercial porque es más rápido y barato. Lo llamativo del caso Anthropic es la escala documentada. Google Books, por comparación, usó mayoritariamente cámaras patentadas de escaneo no destructivo sobre libros prestados por bibliotecas que después devolvía.
El escudo legal: si no hay libro, no hay copia extra
Aquí está la jugada. Al destruir el ejemplar físico después de escanearlo, la copia digital no añadía una copia al mundo: la sustituía. Una entra, una sale. A eso se suma la doctrina de primera venta: si has comprado el libro, puedes hacer con ese ejemplar lo que quieras.
En junio de 2025, el juez William Alsup, del Distrito Norte de California, dictaminó en Bartz v. Anthropic que entrenar a Claude con esos libros era fair use (uso legítimo). Su lenguaje fue contundente: el uso para entrenamiento era "excepcionalmente transformativo", y añadió que lo era "espectacularmente". Y consideró fair use la digitalización de los libros comprados en papel precisamente porque la copia digital reemplazaba a un ejemplar impreso que se descartaba y los archivos se quedaban dentro de la empresa, sin distribuirse.
Ojo con un detalle que casi nadie cuenta: el juez nunca dijo que destruir los libros fuera obligatorio. Simplemente, destruirlos encajaba mejor en el argumento de "una copia por otra".
"Y la vía ilegal, esa sí, le salió cara: 1.500 millones de dólares."
Antes de Project Panama, Anthropic tiró de bibliotecas piratas. Según la sentencia: a principios de 2021 el cofundador Ben Mann descargó 196.640 libros de Books3; en junio de 2021, al menos 5 millones de copias de Library Genesis (LibGen); y en julio de 2022 la empresa bajó al menos 2 millones más de Pirate Library Mirror (PiLiMi). En total, más de 7 millones de copias pirateadas. Eso no fue fair use: construir una biblioteca central permanente a partir de material pirata era infracción, y el caso quedaba visto para juicio por daños.
Con una exposición teórica de decenas o cientos de miles de millones de dólares, Anthropic no fue a juicio: pactó. No es una multa ni una condena, es un acuerdo extrajudicial de 1.500 millones, cerrado a finales de agosto de 2025 y con aprobación final el 20 de julio de 2026 por parte de la jueza Araceli Martínez-Olguín. Los números reales, para que no se repita el error que circula por ahí:
- •El acuerdo cubre unas 482.000 obras registradas con ISBN o ASIN procedentes de LibGen y PiLiMi. No los 7 millones de copias descargadas.
- •Sale a unos 3.000 dólares por obra, cuatro veces el mínimo legal por infracción ordinaria (750 $).
- •Es la mayor recuperación por derechos de autor conocida en la historia de EE. UU.
- •Anthropic queda obligada además a destruir sus copias de LibGen y PiLiMi.
- •Más del 91% de los autores y editores cubiertos ya han reclamado su parte.
La empresa, por su lado, sostiene que nunca usó los libros pirateados para entrenar sus modelos comerciales, y ha subrayado públicamente que la sentencia establece que entrenar IA con libros es fair use.
Ediciones raras: lo que sabemos y lo que no
Lo más doloroso de todo esto no es solo la escala industrial. Es lo que se pierde por el camino. La preocupación es que entre esos millones de ejemplares acaben ediciones raras, manuales técnicos descatalogados y títulos de los que apenas quedan copias.
Aquí toca ser honesto con la evidencia: no hay ninguna prueba documentada, título a título, de que un libro raro concreto haya sido destruido en este proceso. Lo que sí hay son indicios muy consistentes y un mercado que se ha vuelto opaco de golpe.
Desde abril de 2026, libreros de Países Bajos, Alemania, Suiza y España reportan pedidos masivos y anómalos: un vendedor pasó de menos de 20 libros semanales a varios cientos. Los pedidos no siguen ningún patrón de tema ni autor —solo comparten una cosa, que todos los títulos tienen ISBN—, se pagan a veces por encima del precio de mercado y el comprador nunca se identifica. Pieter de Vries, de la librería De Vries & De Vries en Haarlem, recibió una petición de casi 3.000 títulos de una empresa con sede en Singapur; llegó a pensar que era spam o phishing. Un librero de Houston, Charlie Becker, documentó un pedido de 70 títulos tan peregrinos como una guía del área metropolitana de Denver o un manual antiguo de Corel WordPerfect.
En el centro del asunto apareció ISBNdb, una base de datos de libros que empezó a ofrecer a las empresas de IA la intermediación de pedidos de entre 1.000 y un millón de ejemplares, con acuerdos de confidencialidad incluidos. Su propia web reconocía el problema de imagen: un titular sobre una empresa de IA destruyendo dos millones de libros no genera simpatías. Nueve días después del reportaje de 404 Media, ISBNdb borró esas páginas y el 30 de julio de 2026 publicó un comunicado negando haber estado nunca en el negocio de la venta de libros, alegando que aquello era "una prueba de interés de mercado".
Nadie ha identificado todavía quién compra. Ninguna agencia, tribunal ni regulador supervisa este mercado.
Y una diferencia de fondo que sí es indiscutible: el corpus resultante de Project Panama es completamente privado. No es como Google Books, que al menos generó un índice buscable y público. Aquí los libros se convierten en pesos numéricos dentro de un modelo. Ni lectores, ni bibliotecas, ni los propios autores tienen acceso a ese material.
Elon Musk: "Mis IAs no hacen eso"
Como era de esperar, Elon Musk no tardó en posicionarse. El 27 de julio de 2026, respondiendo a la polémica en X, escribió que había pedido al equipo de SpaceXAI que preserve los libros raros en una biblioteca y los escanee "de la forma difícil", en lugar de simplemente cortar el lomo y escanear.
No fue el único. El inversor Michael Burry despachó la práctica con un "maldad encarnada", y David Sacks acusó a Anthropic de hipocresía: entrenarse gratis con la producción de todo el mundo, pero considerar robo de propiedad intelectual que un competidor se entrene con la suya.
El escaneo no destructivo es más lento y más caro, pero conserva los originales intactos. Es exactamente lo que hacía Google Books con sus cámaras patentadas. ¿Es un gesto genuino o una jugada de marketing contra un competidor directo? Probablemente un poco de ambos. Pero pone sobre la mesa una alternativa que la industria debería considerar como estándar.
La pregunta incómoda
La sentencia de Alsup ha sentado un precedente que el resto de la industria observa con mucho interés, aunque conviene matizarlo: es una sola decisión de un juzgado de distrito, no doctrina consolidada, y el acuerdo posterior evitó que se fijara jurisprudencia vinculante sobre la parte de la piratería. De hecho, otro juez del mismo distrito, Vince Chhabria, llegó a una conclusión distinta en el caso contra Meta.
Aun así, el mapa está dibujado: compra el libro, escanéalo, destrúyelo, y la copia digital es tuya. Si eso es legal, ¿qué impide que OpenAI, Meta o Google lo hagan a una escala aún mayor? Y a juzgar por lo que están viendo los libreros europeos desde abril, puede que la pregunta ya no sea hipotética.
El conocimiento humano sigue existiendo, sí. Pero cada vez vive más encerrado dentro de modelos de lenguaje a los que nadie más tiene acceso.
Como dice Martín: tendrán inteligencia artificial, pero no tienen corazón.
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