Saltar al contenido

Así es por dentro el cohete que llevó al hombre a la Luna

Nos colamos en el Space Center Houston de la NASA para ver de cerca el Saturno V, sus motores F1 y lo que esconde por dentro.

Bienvenidos a la casa de los cohetes

Hay lugares que solo entiendes de verdad cuando los pisas. El Space Center Houston de la NASA es uno de ellos. Ahí dentro conviven los mayores descubrimientos de la humanidad con más de un misterio sin resolver, y eso es exactamente lo que promete esta visita: cohetes reales, motores gigantes y una sala de control que parece detenida en los años sesenta.
Lo primero que llama la atención no son los cohetes de SpaceX, aunque tienen su propio espacio y su propia leyenda. Es un balón de fútbol, aparentemente insignificante, que estuvo a bordo del transbordador Challenger. Ese contraste entre objetos pequeños con historia enorme y máquinas gigantescas es la constante de todo el recorrido.

El cohete que empezó todo

Antes de los Apolo, la NASA ya mandaba gente al espacio con cohetes que hoy parecen sacados de una película de ciencia ficción retro. Ese primer cohete que llevó a los primeros astronautas norteamericanos fuera de la atmósfera está expuesto, y su parte más llamativa no es el motor: es el cableado.
Un amasijo de cables y conexiones cubre cada centímetro visible de la estructura. Nada que ver con el diseño limpio que se ve en las misiones espaciales actuales. Aquella tecnología funcionaba, pero a base de fuerza bruta y redundancia mecánica, no de elegancia.

Saturno V: más grande de lo que imaginas en televisión

El protagonista indiscutible es el Saturno V, el cohete que llevó a los astronautas del programa Apolo hasta la Luna. Verlo en fotos o en documentales no prepara a nadie para su tamaño real. La primera etapa, la más grande, impresiona por sí sola, y hay que recordar que originalmente tenía una cuarta fase que ya no se conserva completa.
"
Cada motor F1 del Saturno V generaba 1.5 millones de libras de empuje, el equivalente a 6.7 meganewtons.
"
Los cinco motores juntos desarrollaban una potencia combinada que supera los 160 millones de caballos de fuerza. Para ponerlo en perspectiva, ni sumando cientos de coches eléctricos modernos se acerca alguien a esa cifra. Ese dato, dicho en voz alta frente al cohete real, cambia por completo la percepción de lo que significó aquella hazaña de ingeniería.

La sorpresa: por dentro está vacío

Aquí llega el giro que nadie espera. Al asomarse al interior de una de las secciones del cohete, la sorpresa es total: no hay nada dentro. Toda la parte visible desde fuera, tan imponente y llena de detalles, resulta estar completamente vacía por dentro, solo decorada para la exhibición.
Es un recordatorio de que lo que se conserva hoy en los museos espaciales no siempre es la pieza funcional original, sino una réplica o una carcasa pensada para mostrar la escala real sin necesidad de conservar cada componente interno.

El módulo lunar, diminuto junto al gigante

El contraste más fuerte de toda la visita es comparar el tamaño del cohete completo con el módulo donde realmente viajaban los astronautas. Ese habitáculo, diminuto frente a la inmensidad del Saturno V, es el espacio real donde tres personas pasaban días enteros camino a la Luna.
Algo que muchos visitantes no saben es que la pieza que conecta ambos módulos en la exhibición actual no existía originalmente en esa forma. Fue añadida después para unir dos partes que en su momento estaban ensambladas de otra manera, pensada solo para la muestra al público.

Las esferas misteriosas

Un tema que genera debate constante entre entusiastas del espacio son las llamadas esferas de combustible que acompañan a los cohetes. Circulan teorías que las vinculan con dispositivos energéticos alternativos, aunque la explicación más aceptada y respaldada es mucho más simple: son tanques de combustible o de gases presurizados, similares a los que usan otros cohetes de la época.
Las que se pueden ver en esta instalación son ligeramente más grandes que las versiones estándar, lo que alimenta parte de esas teorías, pero su función sigue siendo la misma: almacenamiento a presión para el sistema de propulsión.

Lo que queda por ver

Esta primera visita se queda en los cohetes y los motores, pero el recorrido por el Space Center Houston no termina ahí. Falta explorar cómo vivían los astronautas dentro del transbordador espacial y visitar la sala de control original, ese lugar que parece haberse quedado congelado en el tiempo desde las primeras misiones Apolo.
Si hay una recomendación clara después de recorrer estas instalaciones, es que las fotos y los documentales no le hacen justicia a la escala real de estas máquinas. Estar junto a un Saturno V, mirando hacia arriba, genera una sensación que ningún vídeo puede transmitir del todo. Para quienes tengan la oportunidad de viajar hasta allí, vale la pena verlo con los propios ojos al menos una vez.
Este artículo está basado en el vídeo de YouTube.
Puede contener funciones de IA. Envía tu corrección